¿tienen más fiebre a las siete de la tarde?
¿quién les llamó a las doce de cuando cumplieron veinte?
¿suponen cuántos años les quedan acá?
mi papá es el de los números. él calcula las distancias,
las necesidades y los riesgos.
pero es mamá la que prevé
los platos a servir o las preguntas convenientes.
y yo, una pelusa entre gigantes
los miro y ruedo entre uno y otro
sus versiones, cómo hacer
las cuentas necesarias:
¿hace cuánto no viene a cenar?
¿por qué responde con palabras cada vez más cortas?
¿dónde duerme su alma cuando se empastilla?
para hacer cuentas aproximo
hasta pensar que tiene sentido por ejemplo:
si hoy es diecisiete de agosto
y mi cumpleaños es el diez de septiembre
ahora tengo veintinueve once meses siete días
porque entre diez y ocho hay uno
y diecisiete menos diez es siete
así calculo y hago una línea en la cabeza
qué número viene antes de cuál
qué mes le sigue al frío
todo es un enorme gradiente y todos
los días son aproximarse hasta llegar
al punto
ahora
me entristece pensar que nunca voy a saber cómo piensan ustedes
o qué parte del gradiente extrañan
cuando aman: ¿son capaces de adivinar
las respuestas aunque mientan?
¿conocen lo profundo? ¿imponen esa cara que desconfía?
¿son capaces de saber
el momento en el que irse?
yo juego entre conocerme y olvidarme,
no quiero volverme rígida en mi nombre
pero sé cosas que se hacen sólidas
en mis piernas las rodillas
de veintinueve once meses
siete días
sé
que los extremos te cobran tus cosas más valiosas,
que todo lugar donde apoyás tu mano se deforma,
que lo único rígido está muerto,
y que yo soy un gradiente
sin bordes claros
pero con fuego adentro.
es que tu boca es tan fuerte es
un templo de columnas cortas es
un ramo de porcelana a golpes es
la miel que gotea en la puerta
es que mi espacio es tan seco es
un borde que resbala piedras es
un plato de sobras de carne es
la punta del hielo al eterno sur
la poesía puede ser
un ángel o un puñal
tu beso una piedra
erosionada
por el agua
la mañana puede ser
una manta limpia
un archivo blanco
el borde final
de la montaña
armar el mate
esperar
el silencio
también
puede ser
estar pegados,
gritarse encima.
me separo? me parte?
si me parte me destroza o me agranda?
en qué bar sucede buenos aires?
dónde te encuentro?
me esperaste?
cómo hago para desescribir al monstruo que me destruye por la noche el alma?
quién es el que me grita que no?
cómo amarrarme la lengua cómo explotar la nube negra cómo quitarme el nombre
cómo saber de dónde soy?
frenamos con las manos
el derrumbe
después
me estrellé
contra tu nombre
una reja en el centro
exacto del mar
los ojos: el único órgano
que no crece
¿siempre fue así
tu mirada una fosa?
roto se acercó el silencio
quebró nuestra guarida terciopelo
pintaba las paredes como un gato
tierno el pecho un jugo
podría comer desde adentro la dulzura
esconde mi peso aniquila
podría lamer con la fuerza del que sabe
acariciar la huella del diablo
tan cómodos nos balanceamos en el barro
lanzas fermentaron la salida
igual besé tu rostro hasta que al fin
se derritió
todo el bosque.
con quién comprar ese pedazo de tierra quién
va a tomarme de la mano cuando él muera cuál
madera nos traemos de las frutas ya maduras
revolver en los residuos para armar la torre alta
están avanzando van a guardar de a partes
en rincones lejos : hay un ejército
hace años que se entrena
y es ahora el sol se escapa !¡
NO HAY espacio para guardar la alfombra ¿? suave
va a tener que ser el cielo
no hay espacio para besar las caras suave
va a tener que ser la espada
no hay lugar para dormir en tramos fuego
va a tener que ser la guerra
con quién comprar ese pedazo de cueva afilar las uñas resguardar las hojas perforar la boca enfrentar al diablo